Los influencers deportivos y sus potenciales riesgos, o como morir de éxito

Los modernos y ultra tecnológicos gimnasios de España están cerrados, también los gimnasios de barrio, los de "toda la vida", pero eso no ha frenado a los creativos entrenadores que han puesto sus móviles a funcionar y sus perfiles de Instagram a trabajar en sus marcas personales. Directos a diario para ofrecer sus servicios de manera gratuita a todo aquel que quiera mantenerse en forma y pasar un buen rato haciendo ejercicio a base de squats, planchas y burpees entre otros. Parece que bajo estas clases telemáticas a través de las Redes Sociales no hay oculto ningún riesgo. No obstante, debe ponerse el foco en que estas clases están dirigida al público en general, de manera indiscriminada y, en mi opinión, algo imprudente en la mayoría de los casos que he visto. No sabemos quién está viendo esas clases, ni si los ejercicios propuestos o el ritmo es apto para quien está viendo la clase.


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Habría que imaginar la postura de un juez en el caso que tenga que decidir si existió culpa o negligencia por parte del entrenador físico (esa es otra, ¿todos los que dan las clases tienen una titulación?, personalmente no he visto que enseñen sus credenciales antes de empezar cada sesión) frente a una persona que en su afán por estar en forma y afrontar el confinamiento con salud sufrió alguna lesión, quizá, por ser menos dramático simplemente se torciera un tobillo pero al ir al médico, por mala fortuna se hubiera contagiado de coronavirus, todo por hacer un "simple" ejercicio como los famosos Burpees. En este sentido, me remito al art. 1902 del Código Civil que establece la responsabilidad civil extracontractual, conocida por todos los juristas: "El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia está obligado a reparar el daño causado." Para que exista esta responsabilidad civil son necesarios:

  • a) Acción u omisión objetivamente imputable al agente.

  • b) La culpa o negligencia por parte del agente.

  • c) La realidad del daño causado.

  • d) El nexo o relación de causalidad entre la acción u omisión y el daño causado.

Por supuesto, habría muchos que alegarían que es voluntad del usuario/cliente el hacer o no la actividad y de hacerlo al mismo ritmo que el entrenador que está al otro lado del móvil, llegamos a la doctrina de la asunción del riesgo, que en pocas y sencillas palabras, viene a decir que cuando tomamos parte de esa clase telemática, estamos asumiendo los riesgos implícitos a ese ejercicio, que con cada ejercicio que hacemos, estamos aceptando las posibles consecuencias que se deriven para nuestra salud. Pues bien, en mi trabajo del máster en derecho deportivo ya me introduje de lleno en esta cuestión y mi postura era clara en este sentido, no puedes asumir riesgos que no conoces. En este sentido, el ejemplo, quizá exagerado, que lo resume sería que no es lo mismo el riesgo que asume un surfista profesional que hace competiciones por todo el mundo, que el turista de interior que se aventura a hacer un curso de surf y le ponen delante de olas para las que no estaba en absoluto preparado y en un cruce con otro surfista sufre un corte por la quilla de la tabla. Es decir, en mi opinión, la asunción del riesgo sólo es proporcional a la experiencia y conocimiento de la actividad concreta, inversamente, la responsabilidad del organizador de la actividad debe ser mayor cuando su cliente/usuario es más inexperto que cuando son profesionales. Otro ejemplo: si soy jugador de fútbol profesional, sé que a lo largo de mi carrera puedo sufrir lesiones de gravedad, pero si juego una "pachanga" con amigos, no aceptaría lesiones que fueran más allá de las derivadas de un golpe leve, un balonazo o como mucho un esguince ocasionado por un lance del juego. Y es que el afán por hacerse un hueco en el entorno digital hace que muchos se expongan demasiado, de hecho, ya hablé sobre las infracciones en materia de propiedad intelectual al poner música de fondo en estos videos sin tener derecho para ello, lo que podía acarrear sanciones económicas. Conviene por tanto, estar atento a estas cuestiones que nos pueden poner en un aprieto, sin haber actuado con mala fe, pero si con falta de diligencia. Soluciones como incorporar una cláusula de descargo o disclaimer, ya sea digitalmente, en el plano del video, en la ropa o decirlo repetidas veces puede ser una medida para protegernos, aunque sea mínimamente de posibles repercusiones judiciales, aunque muchos seguirán evitando proteger a su audiencia para no asustarles, lo que sería perder ese tan codiciado lead o ese fan engagement o, ya sin tanto anglicismo, ese tirón de la marca y esa atracción de potenciales clientes.

Con este artículo no pretendo cohibir a la gente a que haga ejercicio físico, ni a los profesionales titulados a compartir su conocimiento y ayudar a la población a mantenerse sana, pero sí pretendo que se haga con cabeza y con fundamento, y que se reflexione acerca de potenciales riesgos para los que ven los entrenamientos, pues normalmente los usuarios/clientes no tienen ni remotamente la forma física de aquellos que dan las clases. Animo por tanto, a seguir las indicaciones de las instituciones como pueden ser en este caso el CONSEJO GENERAL DE LA EDUCACIÓN FÍSICA Y DEPORTIVA, que publicaba un artículo advirtiendo lo indicado anteriormente: "Esta situación también ha hecho que proliferen de forma masiva el contenido digital sobre ejercicio. Es por ello que debíamos hacer un llamamiento a la ciudadanía para que tengan cuidado antes de seguir cualquier "rutina", programa o asesoramiento sobre ejercicio físico que pueda encontrar en la red, ya que pueden no adecuarse a su perfil, características o condiciones así como necesidades de salud. Además, se debe tener en cuenta que sin supervisión profesional de la técnica de ejecución, la intensidad del trabajo o el volumen, la seguridad disminuye considerablemente y aumenta el riesgo de lesiones."

La reflexión última de este artículo, de cara a esos influencers entusiastas y llenos de buenas voluntades debería ser: ¿en una hipotética balanza, compensa regalar mis clases en las RRSS con la esperanza de tener en el futuro más clientes, la exposición a demandas por responsabilidad civil extracontractual, o las sanciones por vulnerar los derechos de autor de la música incorporada en el video?