Derecho del espacio ultraterrestre... ¿2.0?

El sábado día 30 de mayo sucedió un hecho histórico en la historia de la humanidad, un hito que es alentador, no por lo conseguido en sí sino por las puertas que podría abrir en lo que a desarrollo e innovación de nuestra especie. SpaceX, una empresa de transporte aeroespacial fundada en 2002 por el excéntrico Elon Musk tiene como objetivo llegar a Marte y establecer una colonia allí y el pasado 30 de mayo se convirtió en la primera empresa privada que ponía dos astronautas en la Estación Espacial Internacional, las primeras piezas de un proyecto mucho más ambicioso.


Photo by SpaceX on Unsplash

No cometeré la osadía de hablar sobre los éxitos en ingeniería o emprendimiento del también cofundador de empresas increíblemente disruptivas como PayPal, Tesla Motors, Hyperloop, SolarCity, The Boring Company, Neuralink, y OpenAI. Para ello, invito al lector al Canal de Youtube de Javier Santaolalla, un doctor en física y gran divulgador que ha hecho unos cuantos videos a raíz de la misión de SpaceX y sobre su líder que mostrarán la misión llevada a cabo, cómo se ha llegado hasta ahí y los próximos pasos: VER CANAL DE YOUTUBE. Lo que interesa aquí es atisbar lo que podría venir acompañado a estos logros tecnológicos en su vertiente jurídica, para ello tenemos que remontarnos a 1967, cuando se firmó el primero de los 5 tratados internacionales que regulan este Derecho del Espacio Ultraterrestre. El "Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes" viene a ser la Carta Magna que recoge los principios básicos respecto al acceso del ser humano al espacio y que tiene el mayor éxito en cuanto a compromiso internacional ya que lo han ratificado 109 países. El artículo 2 de este tratado establece que:

"El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera."

Menos suerte corrió el conocido como "Tratado de la Luna" que entró en vigor en 1984 y que sólo ha sido ratificado por 17 países, entre los cuales no están ninguna de las potencias en este sector, tampoco España.

A raíz de lo anterior, el pasado 6 de abril el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump emitió una orden ejecutiva en la que, en síntesis, abre la puerta a la explotación de los recursos de la Luna y otros cuerpos celestes a empresas privadas de EEUU, y hace referencia expresa a que el Tratado de la Luna no ha sido ratificado por EEUU y por tanto no es vinculante, sin embargo, sí que es vinculante el primer tratado cuyo artículo 2 antes citado es bastante claro al respecto.

Esta circunstancia, puede dar lugar a una nueva escalada tecnológica, a tensiones en el contexto internacional a gran escala y quien sabe si a una guerra. Lo cierto es que es más que probable que los gobiernos de todo el mundo deberán sentarse a redactar nuevos tratados, acordes a las capacidades de los cohetes que se están desarrollando y que pueden hacer que a final de siglo la humanidad sea una civilización multi-planetaria. Acuerdos que fijen las responsabilidades de los países y las empresas privadas, que establezcan límites a lo que podemos hacer o no y la manera en la que se pueden explotar los recursos naturales allende... ¡la atmósfera! Y es que por mucho que tengamos que agradecer a compañías como SpaceX el esfuerzo y el riesgo asumido, será necesario que la humanidad trabaje unida, con unos fines comunes y cuyos objetivos sean positivos para todos los países o de lo contrario no es descabellado pensar que las tensiones (piénsese la rivalidad entre potencias como China, Rusia, EEUU...) nos haga destruir definitivamente nuestro planeta. Y es que paradójicamente, el artículo 4 del Tratado de 1967 establecía:

"Los Estados Parte en el Tratado se comprometen a no colocar en órbita alrededor de la Tierra ningún objeto portador de armas nucleares ni de ningún otro tipo de armas de destrucción en masa, a no emplazar tales armas en los cuerpos celestes y a no colocar tales armas en el espacio ultraterrestre en ninguna otra forma. [...]."

Photo by Nicolas Thomas on Unsplash